Está bien no estar bien: autocompasión en tiempos difíciles
- Diego Alvarez B.

- 19 ene
- 3 Min. de lectura
En nuestra cultura, el ser capaz de "salir adelante" sin descanso, la productividad y la fortaleza constante son valorados. En este mandato, el malestar emocional se suele considerar un error que es necesario enmendar lo más pronto posible. No obstante, desde la psicología contemporánea, especialmente las terapias de tercera generación, hemos aprendido que no es necesario suprimir todo dolor para que la vida siga teniendo sentido.
Sentirse mal no es un error individual, sino una experiencia de la condición humana. El sufrimiento emocional no sólo es comprensible, sino que se espera también en situaciones de pérdida, cambio, incertidumbre o agotamiento. En este contexto, la autocompasión se presenta como una herramienta psicológica esencial para sobrellevar momentos difíciles sin incrementar el conflicto interno.

Cuándo luchar contra el descontento?
Las terapias de tercera generación, por ejemplo la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), sugieren un cambio de paradigma: el problema no es experimentar incomodidad, sino la relación que tenemos con ella.
Gran cantidad de personas no solamente padecen por sus sentimientos, sino también por la manera en que se juzgan a sí mismos por tener esos sentimientos:
"No debería ser así".
"Debo ser más fuerte".
"Yo no puedo, pero otros sí."
Esta lucha permanente por "estar bien" a menudo produce: Más rigidez mental, evitar las emociones, autocrítica profunda y separación de las propias necesidades
Desde esta perspectiva, la autocompasión no tiene como objetivo erradicar el dolor; en cambio, lo que persigue es acompañarlo con una conducta de humanidad compartida, aceptación y amabilidad, disminuyendo así el sufrimiento adicional causado por la autoexigencia.
Caso Clínico
Valentina, de 34 años, llega a la consulta diciendo que se siente agotada emocionalmente, llora con frecuencia y tiene una sensación constante de que está fracasando. No muestra un evento reciente de trauma, pero sí una acumulación de exigencias laborales, familiares y personales.
Durante las sesiones, comunica con regularidad:
"Mi vida va bien, así que no tengo derecho a sentirme de esta manera."
María no solo estaba pasando por un mal momento, sino que también se estaba castigando por tener esos sentimientos. Desde una perspectiva ACT, se hizo un esfuerzo por distinguir entre el sufrimiento producido por la lucha interior y el dolor ineludible. Empezó a aceptar su agotamiento sin juzgarlo y a validar sus experiencias emocionales mediante ejercicios de autocompasión y aceptación.
El cambio no fue "sentirse bien", sino dejar de maltratarse a uno mismo por sentirse mal. Esto posibilitó que se tomará decisiones con mayor flexibilidad desde el punto de vista psicológico.
Estrategias desde un enfoque de tercera generación:
1. Normalizar el malestar físico: Es importante recordar que experimentar miedo, agotamiento o tristeza no te aleja del camino, sino que te sitúa en él.
"Esto duele porque importa" puede ser una expresión más efectiva que "esto no debería doler".
2. Ejercitar la autocompasión consciente. Preguntarte: ¿De qué necesito en este momento? ¿De qué manera se dirigiría a mí si fuera una persona a quien amo? La autocompasión es regulación emocional, no indulgencia.
3. Abandonar la lucha con la experiencia interna: Aceptar no es resignarse, sino dejar de desperdiciar energía luchando contra lo que ya está ahí.
4. Establecer conexión con valores, no con demandas.
En vez de interrogarte: ¿Cómo puedo dejar de sentirme de esta manera?
Experimentar con: ¿De qué manera puedo cuidarme mientras me siento de esta forma?
5. Disminuir la autoexigencia en períodos difíciles
En momentos de gran malestar, basta con sostenerte. No todos los momentos de la vida son propicios para crecer o rendir.
Conclusión
Según la psicología de tercera generación, estar bien no significa no sufrir dolor, sino poder vivir con él sin perderse a uno mismo. La autocompasión no erradica el dolor, pero cambia radicalmente cómo lo enfrentamos.
Está bien sentirte mal. Está bien disminuir la velocidad. Está bien requerir apoyo. Ser amable contigo mismo en momentos difíciles no te vuelve débil; al contrario, te hace humano y, sobre todo, más adaptable psicológicamente para continuar.
Bibliografía:
Neff, K. D. (2003). Autocompasión: una conceptualización alternativa de una actitud saludable hacia uno mismo. Self and Identity, 2(2), 85–101.
Neff, K. D. y Germer, C. K. (2018). El programa de Autocompasión Consciente: un ensayo controlado aleatorizado. Journal of Clinical Psychology, 74(9), 1417–1430.
Twohig, M. P. y Levin, M. E. (2017). La Terapia de Aceptación y Compromiso como tratamiento para la ansiedad y la depresión: una revisión.




Comentarios