Para muchas personas, diciembre no es sinónimo de alegría constante, mesas llenas, regalos y sonrisas. La Navidad y el fin de año pueden transformarse en un terreno sensible, cargado de expectativas imposibles, encuentros que incomodan, silencios que pesan y recuerdos que regresan sin pedir permiso. Son días que, antes de reconfortar, remueven emociones profundas y despiertan dolores que normalmente se mantienen guardados. A esta experiencia se suma una presión casi invisible