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Errores de comunicación que desgastan las relaciones de pareja

Muchas personas llegan a terapia de pareja preocupadas y angustiadas porque sienten que ha cambiado algo en su relación. Las conversaciones acaban convirtiéndose en peleas sin sentido, las necesidades parecen no ser comprendidas y sienten que cada vez la cercanía emocional se va debilitando poco a poco. 

 

Desde la Terapia Integral de Pareja (IBT), que es uno de los enfoques más científicos para trabajar con parejas, sabemos que muchas veces el problema no es la falta de amor. El problema es que la relación ha podido quedar atrapada en automatismos comunicativos que provocan dolor, frustración y desconexión.

 

Además, estos automatismos pueden ser instalados poco a poco, de forma que se vuelven tan comunes que las personas olvidan que tienen un efecto en la pareja. No aparecen de golpe ni suelen ser el resultado de una mala intención. Son formas de relacionarse que surgen de intentos para expresar necesidades, defenderse emocionalmente o resolver conflictos, pero, finalmente, producen el efecto contrario.


 

La dificultad comunicativa es una de las causas más comunes de búsqueda de ayuda psicológica por parte de las parejas sin embargo el problema rara vez se reduce a las palabras que la pareja va intercambiando, frecuentemente el verdadero conflicto puede estar en los patrones de interacción que se repiten durante tanto tiempo que llegan a sentirse "normales". 

 

Desde la Terapia Integral de Pareja, entendemos que las discusiones recurrentes suelen formar parte de ciclos relaciones más profundas. Por ejemplo, una persona puede reclamar que necesita más atención porque se siente sola o desconectada mientras que la otra puede reaccionar alejándose o poniéndose a la defensiva, ya que ese tipo de exigencias son percibidas como críticas o como síntomas de que nunca es suficiente.

 

Con el tiempo, las personas pueden quedar atrapadas en un círculo doloroso. Cuanto más una de ellas busca la proximidad, más la otra se distancia y más cuanto más la otra se distancia, más insiste la otra parte. El propósito de las partes no es herirse, pero precisamente el propio funcionamiento de la relación llevan a su mantenimiento involuntario. 

 

La buena noticia es que la identificación del patrón relacional en el que la pareja puede estar atrapada da un primer paso importante hacia la transformación. 

 

A continuación, revisaremos algunos de los errores de comunicación habituales que pueden estar manteniendo una relación de pareja sin que las partes tengan pleno conocimiento de ello.

 

Errores comunes de la comunicación:


1.Escuchar para defenderse en lugar de comprender


Cuando una persona expresa una queja o una necesidad, por parte de su pareja puede ser considerada como una crítica “automáticamente”. En lugar de escuchar lo que su pareja está intentando comunicar, la pareja inicia la preparación de argumentos para defenderse. Ejemplo:  “Me gustaría que pasáramos más tiempo juntos.” La respuesta interna puede ser,  “otra vez me está diciendo que soy una mala pareja”. La conversación deja entonces de centrarse en las necesidades y pasa a convertirse en una batalla de explicaciones y justificaciones. La persona que se queja puede estar intentando buscar conexión, al tiempo que aquella que se defiende puede estar buscando cubrirse de un sentimiento de fracaso o de un sentimiento de rechazo.

 

2. Hablar desde la acusación


Las frases como "nunca me escuchas, siempre haces lo mismo, no te importa la relación", suelen provocar que la otra persona se cierre o responda con defensividad.  Aunque la intención pueda ser la de expresar dolor o bien frustración, el mensaje termina llegando como un ataque. En lugar de señalar a la otra persona, acabaría siendo más útil expresar la propia experiencia: "me sentí solo cuando no pudimos conversar, necesito sentir más apoyo en este momento" Las acusaciones suelen propiciar la distancia, en cambio, las necesidades expresadas de manera clara suelen generar comprensión. 

 

3. Intentar resolver los problemas demasiado rápido


Muchas personas creen que ayudar consiste en ofrecer soluciones inmediatas. Sin embargo, cuando alguien comparte una emoción difícil, con frecuencia necesita primero sentirse escuchado. Por ejemplo:  “Estoy cansada”, y obtener una respuesta como, “lo que necesitas es que te organices mejor.” A pesar de que se ofrece una buena solución, la persona se puede sentir incomprendida. Una respuesta alternativa podría ser:  “Parece que estás teniendo una semana difícil.”  Validar la emoción de la persona no quiere decir que la emoción resuelva el problema, simplemente quiere decir que se crean las condiciones para poder compartirlo y enfrentarlo juntos.

 

4. Suponer lo que el otro piensa o siente


Uno de los errores más frecuentes es actuar basándose en interpretaciones. Ejemplo: "Si no me escribió es porque ya no le importo". "Si está callado debe ser porque está molesto conmigo". El problema es cuando, muchas veces, reaccionamos a nuestras interpretaciones y no a los hechos. Teóricamente, podemos suponer, puesto que creemos saber la respuesta "por lógica", sin preguntar; pero puede que sólo genere conflicto. Estas conclusiones suelen generar reacciones emocionales intensas frente a eventos que no han sido aclarados. Resulta más positivo cambiar la interpretación por curiosidad, ejemplo: "No sé qué es lo que ocurre, así que puedo preguntar. ¿Podemos hablar de ello?"

 

5. Convertir cada desacuerdo en una discusión sobre el pasado


Cuando aparecen conflictos actuales, muchas parejas incorporan rápidamente errores, heridas y resentimientos antiguos.  Muchas veces la conversación deja de tratar el problema presente y se centra en una revisión completa del historial de la relación. 

Cierto es que alguna vieja herida necesita ser tratada, pero traerla con cada disputa acaba intensificando el resentimiento y la sensación de que nada cambia.


6. Invalidar las emociones sin ser consciente de ello


Algunas expresiones que pueden parecer inofensivas pueden resultar profundamente invalidantes:  “Estás exagerando, no es para tanto, ya deberías superarlo”. En ocasiones la invalidación no necesariamente nace de la mala intención. Muchas veces toma lugar porque la persona intenta aliviar el sufrimiento del otro. Sin embargo, el mensaje recibido suele ser “ lo que siento no importa”.  Cuando las emociones son invalidadas de manera recurrente, la confianza emocional en la pareja se ve afectada.


7. Intentar ganar la discusión


Cuando la intención de la discusión es demostrar quién es que tiene razón, la relación suele perder. Las parejas saludables entienden que el conflicto no consiste en identificar un ganador o un perdedor. Consiste en  comprender cuál es el problema que tienen delante. Cambiar la pregunta de: “¿quién tiene razón?” a “¿Qué necesita nuestra relación en este momento?” Esto puede cambiar radicalmente la forma de afrontar los conflictos.


¿De qué manera repetimos estos patrones?


En situaciones conflictivas, las personas reaccionamos desde las emociones intensas y desde los mecanismos de defensa que hemos aprendido a lo largo de nuestra historia vital. Cuando nos sentimos criticados, ignorados, rechazados o poco valorados, nuestro cerebro organiza la defensa emocional por encima de la conexión. Entonces dejaremos de escuchar de forma abierta y empezamos a reaccionar de forma automática.

Desde la Terapia Integral de Pareja, sabemos que detrás de muchas conductas problemáticas se esconde la expresión de emociones vulnerables, que rara vez se manifiestan directamente. El enfado podría esconder la tristeza. La crítica puede esconder soledad. La separación puede esconder miedo al abandono.

De ahí que el trabajo terapéutico no conlleve únicamente aprender habilidades de comunicación. Se trata de ayudar a las parejas a entender qué ocurre emocionalmente por debajo de sus conflictos.

                                                                              

Caso 

Luisa le recrimina a Esteban que trabaja demasiado y la conversación siempre tiene este tipo de contenido:

  • “No hay manera de que me dediques tiempo”.

  • “Trabajo para que no nos falte nada”.

  • “Siempre tienes una justificación”.

  • “Nada de lo que hago es suficiente para ti”.


En una primera ojeada parece una conversación en torno a la escasez de horarios o por haber asumido el peso del trabajo en solitario. Pero, vista desde la IBCT observamos algo distinto. Detrás de la queja puede anidar el miedo a ser abandonada o a sentirse poco importante. Detrás de la defensa puede camuflarse el miedo a ser no suficiente o someterse a un continuo juicio. Cuando la pareja llega a conocer estas emociones que resultan más difíciles de comunicar, la conversación finaliza en:

— “Ahora mismo tú y yo estamos cada uno en una orilla del río y eso me hace daño”.

— “Y yo siento que por más de que busque ponerme al día, tú acabas decepcionandome siempre”.

Por primera vez en su vida los sujetos se están hablando más de la experiencia emocional que realmente alimenta la inercia conflictual que vienen transitando juntos.


Practica la escucha empática

 

La práctica de la escucha empática significa tratar de comprender la experiencia de la pareja antes de contestar y proponer soluciones, muchas veces escuchamos solo para demostrar que uno tiene razón, cuando en realidad lo que necesita la otra persona es sentirse comprendida. La escucha empática no es coincidir con todo lo que el otro dice, sino hacer el esfuerzo de entender qué emoción, necesidad o preocupación se esconde tras sus palabras. 

 

Comunica los sentimientos desde la vulnerabilidad

 

Las emociones vulnerables se generan más uniones que críticas u acusaciones. Expresiones del tipo "me siento triste", "yo tengo miedo de que nos estemos separando" o "necesito sentirme más cercano a ti", permiten que la pareja se entere, efectivamente, de lo que está pasando desde la emocionalidad. Cuando se dice lo que se necesita desde la apertura emocional, hay más probabilidad de crear entendimiento que no la defensividad.

 

Observar el patrón, no buscar culpables

 

Una de las aportaciones más interesantes de la Terapia Integral de Pareja consiste en ayudar a ver los ciclos de interacción que mantienen el conflicto. En vez de preguntar quién ha empezado la discusión o quién tiene una mayor responsabilidad, es mejor observar de qué forma ambas personas están contribuyendo involuntariamente al mismo patrón. Saber del ciclo de interacción permite saber que hay un ciclo suficiente para el conflicto y no cabe implicar necesariamente a nadie.

 

Practicar la aceptación

 

Aceptar no implica rendirse ni dejar de trabajar en la relación; se trata de aceptar que cada uno de sus miembros tiene una historia, una manera peculiar de vivir su propia vida. Cuando la pareja deja de luchar constantemente contra aquellas diferencias que no pueden modificarse por completo, suele surgir un espacio emocional más seguro desde el cual es posible construir cambios significativos.

 

Saber hacer pausas cuando la activación emocional es intensa


Hay ocasiones en las cuales la activación emocional es tan fuerte que la conversación termina inevitablemente en una aceleración del conflicto. Reconocer estas situaciones y acordar parar la conversación podría ser una estrategia sana. Pararse para regular las emociones podría

ayudar a retomar la conversación de una manera más flexible a la escucha, a la empatía, al expresar las propias necesidades,

etc.


Fortalecer los momentos de proximidad cotidiana


Las relaciones no viven sólo de la resolución del problema; también requieren de espacios de proximidad, de goce, de conexión emocional. Ir a los sitios de ocio y de disfrute, tener conversaciones que no estén dirigidas, mostrar interés por la vida del otro, etc. son acciones que ayudan a nutrir la relación. Estos pequeños momentos cotidianos representan una buena fuente de protección ante las dificultades con las que toda pareja se

puede encontrar.


Conclusiones


La comunicación no se deteriora de un día para otro, ni tampoco cambia de un día para otro. Los cambios que pueden ser relevantes empiezan a serlo sólo cuando las personas comienzan a tener una mayor conciencia cuando desarrollan sus propias conductas de respuesta en el contexto del conflicto.


Desde la Terápia Integral de Pareja, sabemos que detrás de muchas discusiones hay necesidades emocionales legítimas, hay temores, hay expectativas, hay deseos de conexión que no siempre encuentran el lugar adecuado en el que introducirse. Cuando la pareja logra ver los procesos observándose con más comprensión de la que normalmente sienten y menos juicio, se abren muchas más posibilidades para poder entrar a dialogar, se intensifica la interacción y el crecimiento a nivel de la pareja.


Las relaciones sanas no son las que no tienen desacuerdos, sino las que las dos partes empiezan a aprender a pasarlos, sin perder de vista que están en la misma dirección de la que se están desplazando. Porque muchas veces el problema no es la falta de amor. El problema es que el dolor, los temores y las formas de hablar empiezan a hablar más fuerte que el amor.



 
 
 

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